Cíclopes
Desde que nació le jugué este juego. Hasta que el otro día le dije: cíclope! y él se rió y me acercó la cara...
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Oruga
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Guzamadour
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Desde el momento en que en la clínica la enfermera me agarró el pezón como quien sacude un sobre de jugo en polvo antes de abrirlo, mi teta se convirtió en cosa pública. No tanto porque anduviera con la teta al aire (no soy de las que pelan en el bondi), sino porque parece ser materia de opinión de todos: desde la familia cercana hasta la compañera de cola en el supermercado.
Durante los primeros meses estamos todos de acuerdo en que la leche materna es lo más recomendable, pero a medida que pasa el tiempo, las opiniones se van dividiendo: Las mujeres que tienen una vida profesional muy activa se inclinan por el “la naturaleza es sabia, si ya tiene dientes, no es para que tome teta”, y las que no pueden resolver su simbiosis con el bebé creen que hay que darle hasta que le salgan pelos en las bolas.
Yo tenía como objetivo los 6 meses, digamos que me asustaban un poco los dientes, y que me impresionan los chicos más grandes que se sirven de la teta con la misma habilidad que podrían abrir la heladera y prepararse una chocolatada. Pero, llegados los 6 meses, Juan empezó a ponerse quisquilloso con la mamadera, así que dije “un poquito más”. Y en eso de querer recuperar mis tetas y empezar a averiguar si mi obra social me las hace gratis, la gente vuelve a opinar: que le siga dando, que es pleno invierno y si no se va a enfermar, y me dejé convencer de seguir un poquito más.
Finalmente, fue el pediatra de Juan quien le puso fin a la pulseada: El Pocho no pasó la prueba de la balanza, bajó 100 gramos y, por prescripción, tenemos que darle mamadera. Señoras de la Liga de la Leche: ahórrense sus discursos, no voy a tomar levadura de cerveza con 3 litros de agua. Lo que me voy a tomar es un buen copón de vino tinto.
(*) En realidad no es que tenga una sola, pero el plural (vaya uno a saber por qué) no se usa en términos de lactancia.
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Guzamadour
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-Señora: Ah.. y ¿hoy también viene la abuela?
-Yo: Si, hoy viene mi mamá.
-Señora: ...
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Oruga
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Hoy fue el primer día en casa de una señora nueva que nos ayuda con el orden y la limpieza.
Es curiosa y está confundida.
No sólo quiere saber quiénes somos y qué hacemos juntas, sino que está tratando de entender por qué si yo le digo hijo a Juan, la mamá de Guza es la abuela.
* Una enseñanza de http://piedralibreparadosmamas.blogspot.com/
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Oruga
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Escribir en la compu requiere habilidad de baterista: mientras pienso y tipeo, silbo o tarareo una canción para Juan, a tiempo que le hago percusión con los pies.
(Para quienes dicen que las mujeres y las rubias no podemos caminar y masticar chicle a la vez ... un dedo mayor en alto)
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Oruga
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- Aguantá un cachito, hijo. Mami ya termina de revocar la pared y te da la teta.
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Guzamadour
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Guzamadour
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Ahora, a la distancia, puedo tomármelo con humor, pero lo que fue el broche de oro de una semana de mierda, me dejó un buen tiempo cual católica culposa autoflaglándome con un Yo Pecador.
Todo empezó con una gotita de pérdida del termotanque, que fue haciéndose chorrito. El diagnóstico más esperado era “está pinchado, vas a tener que comprar uno nuevo”.
Al día siguiente fue el lavarropas, que cuando se quedó trabado el tambor, hizo saltar el disyuntor. Al regresar la luz, se marchó la conexión a internet (algo en el puertos/modem se destartaló). Un escenario que complicaba el panorama de trabajo de Gabi, agravado porque a mí se me ocurrió pegarme una bacteria y andaba con cagadera y fiebre sin poder hacerme cargo de la criatura. Tres días me duró la fiebre sin que bajara ni un poquito, y cuatro los que hubiera deseado usar pañales para adultos.
El último día de enfermedad fui a la clínica y, por error administrativo, me saltearon de la lista; cuando me di cuenta de que la sala de espera se renovaba y yo seguía ahí, la doctora ya se estaba yendo y el laboratorio estaba cerrado para pedir que pasen los resultados. Recuerdo que volvía en el taxi, y el chofer venía escuchando algo de Ricardo Montaner y cantaba (si, igual que en la publicidad). Yo, que estoica me había bancado bien todas estas desgracias, me puse a llorar porque tener que escuchar a Montaner era too much, o eso debía ser la depresión post-parto.
Otras menudencias siguieron adornando la semana, como que se salió un zócalo, yo perdí todos los vouchers de viaje de mis papás, y sarasasarasa.
Y el domingo la desgracia no descansó.
Almorzando con amigas, en un intento por integrar a Juan a la mesa, agarré el huevito confiada en que la manija estaba trabada (pero no), y se dio vuelta. Juan cayó de cara al piso.
“por mi culpa…
por mi culpa…
por mi gran culpa…”
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Guzamadour
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Para la Negra y Marian: "el" sobri
Para la abuela Norma: pochochito
Para Nati: “goldo”
Para Maico: el aprendiz de fútbol
Para la abuela Raquel: Juani
Para la psicoabuela Rosa: un sol
Para el abuelo Sergio: futura dupla de pesca
Para los tíos Lupe y Ari: el futuro músico (por no decir Hippie)
Para Gabi y Efe: “¿Quién Soy?”
Para la tía Noe: el varón
Para Santi: el que “porta bien”
Para Euge y Sami: el tercer oruguito
Para las mamás de los trilli: el 4° para el voley playero
Para los trilli: el que no es hermano
Para Gabo: es hermoso
Para las melli: el primo “es tan lindo”
Para Mili y Diego: “papaíto”
Para el gallego: “enhorabuena!”
Para Agus: es un pancho
Tanta variedad y nosotras no hallamos palabras que definan todo esto que nos pasa.
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Oruga
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Parece que los bebés llegan al mundo con una troupe de consejeros gratuitos (Que no solicitamos en ninguna bolsa de trabajo o de 0800-DECIMEQUEHACER) que dedican el tiempo que a veces no tienen a hacer docencia con cierto grado de ironía e hinchapelotez.
Comúnmente, las abuelas lideran el puesto número uno con comentarios como el de la leche finamente gasificada y otros tales como: ¿te lavaste las manos?, si no le pones talquito se te va a paspar…, tiene los pies fríos, tiene las manos calientes, no es muy pronto para que lo saques…?, ¿Y en colectivo vas a viajar?, ¿para qué le cambias el pañal si no hizo caca? O ¿No hace mucho que lo tiene puesto? etc, etc. Comentarios que, no siempre por su contenido, sino por su frecuencia y falta de dar lugar a la propia experiencia, a una sencillamente le colman la paciencia -ahora que ésta está 100% dedicada al niño.
Esta troupe la pueden integrar, además: otros familiares (cuanto más viejos, peor), vecinos (cuanto más familia Ingals peor), algunos amigos y viejas que se paran en la calle a mirar (aunque una no acuse recibo y las mire con cara de ¿Y a usted quien la conoce?)…
Pero que el pintor llegue a laburar a casa y arroje un “No estará llorando porque lo tenés muy sentadito?”
NO WAY: “Calláte y seguí lijando”
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Oruga
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... back to reality"
En algún momento íbamos a tener que salir de la burbuja. Desde que Juan nació (incluso unos días antes), ambas estábamos de licencia y la vida era bella. No se compraron diarios, no se prendió la tele, y la conexión a Internet fue muy escasa.
La panacea de ser 2 mamás le permitía a Juan estar siempre bien atendido y, a nosotras, cubrimos cuando la otra estaba por derrapar. No se si debería hablar en tiempo presente o en pasado, porque esta semana Oruga volvió a trabajar y la estructura tiene que reacomodarse. Voy a tener que aprender a cambiar pañales, ya que hasta ahora yo solo me encargaba del feed, y Oruga del back.
La vida sigue siendo bella, si. No tenemos huellas en la cara de tener un gurrumín de casi dos meses en casa. Juan es un bebé súper tranquilo que, desde las 3 semanas de vida, duerme toda la noche. Solo que ahora tenemos que aprender a tipear con una sola mano.
A todos aquellos que pretendían asustarnos diciendo que nos preparemos, que no íbamos a dormir más, que no iba a haber tiempo ni para ir al baño, les mando un dedo mayor extendido, de todo corazón. Lo difícil no es tener un bebé en casa, sino tener que volver a trabajar.
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Guzamadour
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